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Biolog?a de la

Estrategias básicas para reducir la proporción de espermatozoides que albergan daño en la molécula de ADN

En presente trabajo se realiza una reflexión sobre la posible utilización de algunas estrategias básicas y de implementación sencilla en cualquier centro de reproducción asistida, encaminadas a reducir la proporción de espermatozoides dañados en su molécula de ADN cuando estos se utilicen para la práctica técnicas de reproducción asistida. Se analizan los efectos beneficiosos que pudieran tener determinados tratamientos como el uso de antibióticos en los cuadros de infecciones bacterianas que afecten al tracto reproductor masculino, así como en aquellas situaciones donde se trata a los pacientes con determinados cócteles de sustancias antioxidantes que pueden ayudar a combatir la presencia de unos niveles elevados de fragmentación del ADN espermático en el propio eyaculado. Adicionalmente, se proponen 4 estrategias de uso sencillo que ayudarían a disminuir el daño registrado en el ADN del espermatozoide por ser más eficaces en la eliminación de los espermatozoides afectados. De esta forma, el evadir en la medida de lo posible el daño iatrogénico durante los procesos de selección espermática utilizando las muestras de forma rápida para inseminación, el no manipular muestras de espermatozoides con concentraciones elevadas, el tratar de ser conscientes de lo eficaces que somos en la selección de las muestras tras la recuperación espermática, el optar por una eyaculación recurrente en un corto espacio de tiempo en determinados pacientes, o incluso el generar mini-bancos de muestras seminales criopreservadas, utilizando diferentes eyaculados del mismo paciente, se presentan como actuaciones de fácil implementación en la rutina clínica cuyo uso individualizado o sinérgico, puede generar notables beneficios para la fecundación al conseguir muestras de semen con unos niveles más reducidos de daño.

In this paper we highlight the feasible use of some essential strategies that, being easily implemented in any fertility clinic, are aimed at reducing the proportion of sperm DNA fragmentation in patients attending an assisted reproduction centre. We discuss the  beneficial effects that certain treatments, such as the use of  antibiotics in bacterial infections that affect the male reproductive tract, as well as those cases where the patients are treated with cocktails of antioxidants aimed at reducing the presence of high levels of sperm DNA fragmentation in ejaculated sperm, can have. Additionally, we propose four strategies that may help to reduce the level of  sperm DNA fragmentation present in the semen sample that has been selected for use in artificial insemination and thus increase efficiency in achieving reproductive outcome. These are: 1) Avoid the incidence of iatrogenic damage during the sperm selection using sperm samples for insemination as quick as possible after ejaculation. 2) Do not manipulate sperm samples with a sperm high concentration. 3) Try to be aware of how effective we are during sperm selection to avoid undesirable increasing of the level of DNA damage during sperm processing or assuming strategies such as the use of a recurrent ejaculations in short time periods. 4) Produce mini-banks of cryopreserved semen samples, using different ejaculates from the same patient to finally choose the one with the lower level of sperm DNA damage. These for strategies are presented as laboratory practices that may easily be implemented in clinical routine. They can be applied as single strategies or can be combined in order to produce an additional synergistic effect. All of these strategies can generate significant benefits for the couple since the final effect shall be semen samples with lower levels of DNA damage.
Autores:
Jaime Gosálvez1 y cols. 1 Departamento de Biología, Unidad de Genética. Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, España
Jaime Gosálvez1, Carmen López-Fernández1, Carolina Alonso2, Claudio Álvarez 2, Pedro Caballero3 y Rocio Nuñez-Calonge3 1 Departamento de Biología, Unidad de Genética. Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, España 2 Unidad de Reproducción Asistida Centro Gutenberg, Calle Gutenberg 1, Málaga, España 3 Unidad de Ginecología. Clínica Tambre, Madrid, España


Introducción



En la VII jornadas de Reproducción Humana celebradas en Málaga durante los días 27 y 28 de Octubre de 2011, se diseccionaron, desde un punto de vista clínico y legislativo, varios aspectos y situaciones inherentes a los problemas reproductivos presididos por los tres protagonistas esenciales de la reproducción asistida: la mujer, el varón y las actuaciones médicas. Problemas que muchas veces transcienden el ámbito puramente biológico para adentrarse en un contexto de carácter más social. En el transcurso del debate planteado sobre el factor masculino, el grupo dirigido por el Dr. M. Martínez Moya de la Clínica Gutenberg, plantea, como argumento de discusión, una cuestión polémica y no resuelta, pero sobre la que la comunidad científica reitera su ansia de conocimiento ¿Existe tratamiento para resolver el factor masculino cuando a este se le atribuye la infertilidad? Una cuestión de amplio espectro, por lo extenso de la casuística, y que no parece tener una respuesta sólida desde la perspectiva de la medicina basada en la evidencia, ni tampoco se beneficia de una respuesta estable desde la información que nos ofrece la investigación básica.



Una de las causas que disminuye la efectividad del espermatozoide para conseguir un buen embrión que se traduzca en un “niño en casa” es la calidad del ADN del espermatozoide (1,2,3). En el caso particular del daño que afecta a la integridad en la molécula de ADN del espermatozoide, hecho también conocido como la fragmentación del ADN espermático, los tratamientos que intentan corregir esta situación en el paciente son, simplemente, esperanzadores; pero todavía nos queda mucho camino por recorrer hasta poder demostrar que los indicios correctores que se observan en algunos casos, son igualmente efectivos cuando se aplican en cuadros clínicos diferentes. Veamos dos situaciones sobre las que existen datos que nos permiten albergar esperanzas para corregir el daño en el ADN del espermatozoide utilizando algún tipo de tratamiento por vía oral y cuatro estrategias no invasivas que pueden redundar en generar una mejor calidad del ADN del espermatozoide. En todas las situaciones que se describen, se puede paliar el efecto negativo de unos niveles del daño en el ADN espermático que se podrían considerar como elevados, una vez que se superan valores en el entorno de un 30% de espermatozoides afectados tras la eyaculación.



 



Las infecciones bacterianas



Existen determinados casos clínicos donde se consiguen efectos correctores de unos niveles elevados de fragmentación en el ADN del espermatozoide en pacientes que presentan Chlamidia o Mycoplasma en la línea germinal y que son tratados con antibióticos tales como los derivados de macrólidos, tetraciclinas o bien las quinolonas en dosis elevadas y persistentes en el tiempo (4,5). El efecto directo de la presencia de bacterias en las muestras seminales y el incremento de los niveles de fragmentación del ADN espermático se ha comprobado de forma directa en el ganado vacuno. En este caso, la presencia de bacterias en dosis seminales comerciales puede afectar a casi un 50% de las muestras de semen que se manejan en el mercado en formato de pajuelas criopreservadas. En estas muestras, una vez descongeladas, el crecimiento bacteriano que se genera tras incubación a 37ºC, incrementa la velocidad del daño en el ADN de los espermatozoides aproximadamente 14 veces más que en muestras no contaminadas. Este efecto se observa a medida que transcurre el tiempo de incubación donde se genera un crecimiento expansivo de las colonias de bacterias (6). Pero ese incremento expansivo del daño se puede eliminar con la simple inclusión en los mismos medios de conservación de los espermatozoides de otro tipo de antibióticos pertenecientes a la familia de las quinolonas. Muchas de estas cepas bacterianas parecen haber adquirido resistencia a los antibióticos comerciales tales como los derivados de la Gentamicina o la Estreptomicina que se incluyen en los diluyentes comerciales que se utilizan para criopreservación del semen. Este experimento, demuestra que, la presencia bacteriana incrementa los niveles de daño en el ADN, pero este efecto negativo puede ser corregido. Al igual que ocurría en el caso de las infecciones con Chlamidia o el Mycoplasma.



Conclusion 1: los tratamientos con antibióticos que sean eficientes en el control del crecimiento bacteriano pueden paliar el incremento de la fragmentación del ADN espermático cuando se presentan infecciones asociadas a la línea germinal.



 



 



 



El estrés oxidativo



El daño provocado por unos niveles elevados de estrés oxidativo presentes en el semen, bien sea en el ambiente en que el espermatozoide madura desde su liberación al lumen y durante su paso por el epidídimo, bien sea una vez que las muestras se manejan en tubos de ensayo, es uno de los temas recurrentes en la biología de la reproducción asociada al factor masculino (7). Si bien la consecuencia del estrés oxidativo sobre el espermatozoide en general o sobre el ADN en particular, se entiende como el resultado de una situación causa-efecto directa, la situación real es de mayor complejidad y no es fácil de entender en absoluto. Desde la propia génesis de unos niveles elevados de moléculas efectoras de daño en el plasma seminal capaces de provocar oxidación (moléculas derivadas del oxigeno activo, de radicales de hidrógeno o bien hidroxilo, el ácido hipocloroso o bien los peroxinitritos), hasta las moléculas receptoras de ese daño (las proteínas, los lípidos y el ADN), pasando por las modificaciones que se producen en las estructuras afectadas (peroxidación lipídica, bases modificadas en el ADN tales como 8-oxoG- o bien las transformaciones proteicas que se asientan en los grupos tiol, los grupos amino o bien las metioninas), supone una serie de elementos de difícil identificación en el nivel celular y en ningún caso se dispone de información fiable que nos permita asociar el origen y el efecto del daño de forma nítida y asociada a un cuadro clínico determinado. Por otra parte, el efecto de unos niveles elevados de estrés oxidativo, siempre se encuadra en un marco que concierne a la presencia de estrés oxidativo y al equilibrio que este alcanza con los agentes antioxidantes tales como la superóxido dismutasa (SOD), la catalasa o bien la glutatión peroxidasa. En este escenario, los tratamientos con agentes de reconocida eficacia para el control de los niveles de estrés oxidativo, a los que concurren un gran número de sustancias tales como los Beta-carotenos, la Vitamina E, la coenzima Q o incluso la melatonina, suponen una alternativa lógica en la que fundamentar las esperanzas para poder paliar el efecto negativo que provocaría una sobredosis de moléculas efectoras de ese estrés oxidativo. El tratamiento de los pacientes con moléculas de probada capacidad antioxidante in vitro, en parte por el reducido nivel de efectos secundarios que estas moléculas tienen sobre el paciente, supone una alternativa empírica no lesiva y encaminada a reducir el daño en los espermatozoides del varón (8,9). Los resultados que se obtienen tras este tipo de tratamientos son, no obstante, dispares. En unos casos parecen ejercer un efecto beneficioso sobre la calidad seminal ( 10,11), pero en otros, no ocurre nada (12,13). Dos, por lo menos, son las posibles explicaciones a este tipo de escenarios:



1) Se suministran tratamientos idénticos a pacientes sin el conocimiento previo de una presencia real de estrés oxidativo. Por lo tanto, la respuesta por parte del grupo del paciente que está sometido a los rigores de un exceso de estrés oxidativo y del grupo que no lo estuviere, puede ser, obviamente, diferente.



2) Se suministran tratamientos idénticos a pacientes en los que se desconoce la etiología del daño ¿qué tipo de radicales están provocando el daño? ¿Se corrige de igual forma un exceso de estrés oxidativo provocado por derivados de nitrógeno que por derivados de oxigeno?



La suma de ambas situaciones provoca que, en unos casos, el tratamiento pueda ser efectivo y mejorar los efectos negativos de la situación de estrés, pero en otros hace que el paciente presente una respuesta neutra y cercana a lo que supondría la ingesta de un placebo. Hecho que nos induce a pensar que este tipo de tratamientos no son todo lo eficaces que esperamos. Este tipo de conclusiones, toda vez que nos basamos en una identificación errónea o simplemente desconocida del problema, ayudan más al equívoco y al rechazo de los protocolos aplicados, y por lo tanto a la desestimación de tratamientos que pudieran haber sido eficaces sobre una parte de los pacientes. De esta forma, desde la génesis del problema, hasta los efectos que lo acompañan, para terminar con un tratamiento que se aplica con más base empírica que racional, provocan un cierto nivel de rechazo de los tratamientos existentes o bien estos se prescriben sin muchas esperanzas de obtener los resultados positivos deseados. Ante este tipo de situaciones, deberíamos al menos ser conscientes de que muchas de estas conclusiones sólo se fundamentan en una interpretación sesgada obtenida de un planteamiento experimental cuanto menos deficiente.



Conclusión 2: tenemos que sistematizar los estudios para poder obtener conclusiones sólidas sobre en qué pacientes debiéramos utilizar antioxidantes bien, por haber realizado previamente un análisis de los niveles de estrés en ese paciente, bien por identificar cambios en los lípidos, el ADN o las proteínas, que nos indiquen presencia de ese tipo de estrés. No habría que asumir de forma precipitada que el daño teórico provocado es directamente atribuible a un efecto no medido. Para ello tendremos que intentar, en la medida de lo posible, identificar el origen del daño y los efectos que este genera, bien sea en las membranas, en el ADN o en las proteínas. De esta forma seremos capaces de pasar de los tratamientos empíricos, indiscriminados y de aplicación masiva, a tratamientos personalizados o, al menos, circunscritos a determinados cuadros clínicos en los que el origen del problema pueda ser común.



En el entreacto, hemos identificado al menos 4 estrategias muy sencillas que acopladas a la práctica clínica diaria pudieran ayudar a paliar el impacto negativo que el daño en el ADN del espermatozoide ejerce en la consecución de un embarazo.



1) Evitar el daño iatrogénico en la medida de lo posible



Es sabido que tras la eyaculación, el mantener las muestras de semen en un ambiente para-biológico, como lo es un tubo de ensayo, con o sin protectores seminales y con temperaturas no afines a las del testículo, acelera la muerte del espermatozoide. De hecho, el espermatozoide, tras la eyaculación, tiene un tiempo de vida fisiológicamente finito que suele variar entre eyaculados del mismo varón y entre varones. La motilidad espermática se reduce a medida que pasa el tiempo tras la eyaculación y de forma paralela ocurre algo parecido con la calidad de las membranas. En lo que se refiere al ADN, su calidad se deteriora siguiendo un patrón semejante y que también es variable dependiendo de factores tales como el individuo (14,15), el cuadro clínico que se asocia al paciente o al estado de protaminación alcanzado por el paciente (16,17). El hecho de que la muestra se haya sometido o no a criopreservación también tiene una influencia directa en la velocidad de degradación del ADN (18). En donantes, en los que se asume una buena calidad seminal, cuando los espermatozoides desprovistos de plasma seminal se incuban a 37ºC en un medio de conservación tamponado con HEPES o bien mantenidos en estufa con baja tensión de oxigeno, la velocidad de fragmentación estimada transcurridas 6h desde la eyaculación, se mueve en un horquilla que oscila entre un 2% y un 12% por hora de incremento del daño en la molécula de ADN (18).



Por lo tanto, una de las estrategias elementales que nos ayudaran a paliar el efecto negativo que se genera en el resultado final de la concepción y atribuible a un incremento en el daño en el ADN del espermatozoide, es la utilización rápida de la muestra de semen tras la eyaculación para fecundar y el mantenerla en las mejores condiciones posibles que puedan paliar el impacto del daño iatrogénico. De esta forma, actuaciones sencillas como disminuir el tiempo entre la recogida de las muestras y su uso para inseminación o fecundación, pasando por utilización de diluyentes espermáticos de forma rápida tras la licuación de la muestra seminal, ayudan a que la velocidad del daño que afecta a la molécula de ADN, no aumente de forma que escape a nuestro control. Más aún, el realizar estudios previos al momento de la inseminación en muestras de cada paciente para calcular la velocidad de degradación que este puede presentar, nos puede ayudar a tomar decisiones de cómo y en qué momento hemos de citar al paciente para obtener y procesar la muestra en el momento que intentemos fecundar. Esta recomendación se aplica tanto para las muestras que se destinen a inseminación intrauterina o bien a las que se usarán en ICSI. En particular, en los casos donde se crea posible y conveniente realizar una inseminación intrauterina, se recomendaría realizar una dinámica de la fragmentación del ADN previa a estos pacientes. Esto nos permite conocer a priori la longevidad media del ADN que muestra ese paciente transcurridas una serie de horas tras la recuperación espermática. Si la velocidad de fragmentación observada es elevada y llega a alcanzar valores superiores a un 20-30% del daño observado en el momento de la eyaculación estimado durante la 6 primeras horas, lo que se traduce en una baja longevidad del ADN, las probabilidades de mantener el ADN integro en el útero no debieran diferir mucho de lo observado ex vivo y tendríamos que considerarlas como muestras seminales que presentan un potencial de degradación demasiado rápido como para poder fecundar con la misma eficiencia en el tiempo que una muestra que presente dinámicas de daño más atenuadas. De hecho, las barreras fisiológicas post-cervicales de selección espermática en las que concurren desde el filtrado del semen por el mucus cervical hasta la asociación del espermatozoide con proteínas que puedan ejercer un efecto protector, se eliminan con la inseminación intrauterina profunda (19,20,21). Por lo tanto, la probabilidad de generar un embarazo podría disminuir a medida que disminuye la longevidad de la molécula de ADN. Por el contrario, en aquellos varones que presentan una dinámica de daño en el ADN más atenuada, su ADN podría mantenerse por un mayor espacio de tiempo intacto y a la espera de la maduración completa del ovocito. Por lo tanto, el resultado del éxito o del fracaso del proceso reproductivo puede ser una combinación entre la longevidad del ADN del espermatozoide y del tiempo empleado por el ovocito para descender y poder ser fecundado; hecho que siempre es dependiente de la ventana de maduración ovocitaria asociada a cada paciente



Conclusion 3: evitar ambientes en los que se genere daño iatrogénico en el ADN del espermatozoide post-eyaculación. El no procesamiento rápido las muestras tras la eyaculación, puede tener una incidencia en el resultado final del éxito reproductivo dado que el ADN espermático se degrada a una velocidad variable entre individuos, pero siempre estará presente. El realizar análisis para calcular la velocidad a la que se degrada el ADN de cada paciente, previos a la utilización de la muestra que se utilizará para fecundar, nos puede servir de orientación acerca de cómo manejar la muestra durante la capacitación espermática.



 



2) Reducir la concentración espermática



En el caso de que la opción para la reproducción asistida sea el ICSI, situación donde la concentración espermática no es limitante para la selección espermática, el manejo de muestras seminales con concentraciones elevadas puede condicionar la viabilidad de los espermatozoides en el tiempo. No se dispone de datos específicos en el caso de humanos, pero en otros mamíferos como es el caso del ganado ovino, resulta evidente que la disminución de la concentración espermática desde valores 100 millones/ml hasta 12 millones /ml, disminuye la velocidad de la fragmentación del ADN espermático en un 60% en algunos individuos tras incubaciones de las muestras seminales de 3h. Este comportamiento es equivalente en todos los individuos y el proceso de degradación espermática asociado a la molécula de ADN obedece a un modelo matemático capaz de predecir la velocidad de muerte del ADN para cada individuo dependiendo de la concentración y de los niveles de fragmentación iniciales (22). Probablemente este efecto se ve también influido tanto por las características genéticas de los individuos, en lo que se refiere a sus niveles de protaminación (17), como al incremento de la probabilidad de colisión entre espermatozoides distintos, dado que como resultado de esta colisiones se generan especies reactivas de oxigeno por los cambios de los componentes lipídicos en la superficie de las membranas (10). Con la disminución de la concentración espermática disminuye la probabilidad de colisión entre espermatozoides móviles, hecho que redunda en un mantenimiento prolongado de la calidad de las membranas dado que la peroxidación lipídica en combinación con las especies reactivas de oxígeno aumenta de manera exponencial a medida que se incrementa el número de colisiones. Adicionalmente y como un mecanismo en cadena, la muerte de los espermatozoides por pérdida de la estabilidad en las membranas, libera todo el aparato enzimático del acrosoma, incluyendo acrosinas, hialuronidasa, fosfata ácida, beta-glucosidasa, beta-N-acetilglucosaminidasa, beta-galactosidasa y otros agentes activos (23), que pueden actuar en contra de otros espermatozoides fisiológicamente equilibrados.



Conclusion 4: en el manejo ex vivo de los espermatozoides cuyo destino sea ICSI, parece razonable utilizar concentraciones espermáticas lo más bajas posibles para que no se dificulte el proceso de selección espermática. Este aspecto, evitaría el daño cruzado adicional que se genera por manejar concentraciones de espermatozoides elevadas.



 





Ser más eficaces en la selección espermática





Este aspecto es de notable interés y pasa por que cada centro de reproducción sea consciente de lo eficaz que está siendo en reducir los niveles de daño en el ADN espermático en el momento de la selección del esperma. La pregunta que nos tenemos que hacer es ¿somos lo suficientemente eficaces en la reducción del daño que presenta la muestra de ADN tras la eyaculación y la que se registra tras la recuperación espermática? Muchas veces la habilidad para ser más efectivos en el rescate de las fracciones espermáticas tras la recuperación, no depende de las características seminales del paciente al que nos enfrentemos, sino que depende de la pericia del operador en el momento de realizar el rescate de la fracción correcta bien sea tras un proceso de swim-up o de una centrifugación en gradiente de densidad. Sin atribuirlo a una causa específica, en algunos casos, los niveles de daño que se registran en el ADN tras ser analizada la muestra una vez que se realiza una recuperación espermática, son más elevados que los registrados en la muestra de semen neto. Algunas de estas situaciones se han constatado tanto tras realizar un swim-up (ver casos en Figura 1 en 24), como tras ejecutar una centrifugación en un gradiente de densidad (Ver casos en Figura 4 en 18). Es decir, debiéramos ser conscientes de que tras la selección espermática existe la posibilidad de que las muestras que recuperamos pueden tener valores asociados de fragmentación del ADN superiores a la muestra de semen neto suministrada por el paciente. Si esto ocurriera y ocurre en algunas ocasiones, si realizáramos las medidas de la fragmentación en la muestra de semen neto y en la muestra sometida a REM, nos obligaría a utilizar para intentar fecundar la muestra procedente del semen neto correctamente diluida para eliminar el plasma seminal. Situación que no debiera ser descartable si se va a proceder a un ICSI.



Dos aspectos se deberían considerar en este sentido 1) en el caso del swim up, los tiempos de acumulación de espermatozoides en la fracción seleccionable suelen ser variables entre distintos centros y pueden variar desde 1h hasta 15 min. En el caso de que el destino de la muestra sea para su utilización en ICSI y dado que la concentración espermática no es un factor limitante, la reducción de los tiempos de acumulación de espermatozoides en la fracción seleccionable, debiera redundar en un menor nivel de daño iatrogénico y en una mejor calidad relativa de los espermatozoides asociada a una alta motilidad y por ende a una mejor calidad del ADN espermático. 2) En el caso de las centrifugaciones en gradientes de densidad, es muy importante seleccionar la fracción correcta, evitando al máximo generar turbulencias durante la separación de las distintas fracciones.



Finalmente, otro tipo de estrategias tales como la masturbación recurrente en el caso del varón y en espacios de tiempo cortos entre eyaculaciones, permiten conseguir sub-poblaciones espermáticas tras recuperación, que presentan niveles de daño menores en el ADN del espermatozoide que los registrados en la muestra inicial. La reducción media de la fragmentación del ADN que se consigue en una selección espermática sobre muestras obtenidas tras un periodo de abstinencia de 3 días, es de aproximadamente el 22%; mientras que si en los mismos individuos se obtiene una segunda muestra provocando una nueva eyaculación tan sólo 3 horas después de la primera, la reducción se acerca o incluso supera el 50% (25).



Conclusion 5: establecer controles estrictos de eficacia en la reducción del nivel de daño en el espermatozoide en cada laboratorio. Sondear variantes en los procesos de selección que nos permitan reducir los niveles de daño en la muestra final tales como la selección de espermatozoides de segundas eyaculaciones con tiempos muy cortos de abstinencia, hasta acortar los tiempos utilizados para la acumulación de espermatozoides móviles en un proceso de swim up.



 



 





Generar mini-bancos de semen criopreservado asociados a cada paciente





La idea original supone una aportación directa del Dr. Pedro Caballero a este trabajo y que en su momento fue el fruto de un experimento muy sencillo pero de una excelente eficacia para conseguir embarazos en situaciones complicadas donde se detectó un fuerte impacto negativo del factor masculino con incidencia de la fragmentación del ADN espermático. La idea básica se fundamenta en que la calidad espermática en cada individuo no es estable y los parámetros seminales varían de un eyaculado a otro. Esta situación se acrecienta en el caso de que exista un factor masculino asociado claro. De hecho, estudios preliminares realizados en ganado porcino en machos que se consideran buenos sementales, evidencian de forma clara que los valores ofrecidos por los parámetros seminales estándar son muy estables a lo largo de varios meses consecutivos de recolección. Sin embargo, en aquellos machos que tienen algún problema de infertilidad idiopática, estos parámetros fluctúan de forma más acentuada y esto ocurre tanto entre distintas eyaculaciones y durante tiempos equivalentes y al comparar los distintos valores seminales, incluida la fragmentación del ADN (26). En lo que se refiere a los niveles de fragmentación del ADN espermático, en el caso de los humanos ocurre algo similar. Mientras que en individuos normozoospermicos o bien en varones que actúan como donantes de semen, los niveles de daño son muy estables de una eyaculación a otra, en los pacientes, y con cierta independencia de la etiología que afecta al factor masculino, los niveles de fragmentación son mas variables (27). Ante esta situación, una pauta que podría ser efectiva es generar minibancos de muestras de semen criopreservado utilizando muestras procedentes de diferentes eyaculados de mismo paciente mientras la mujer recibe el tratamiento hormonal y criopreservando aquellas muestras en las que los niveles de fragmentación del ADN fueran inferiores a los registrados en la muestra anterior. En nuestro grupo hemos podido comprobar que tras manejar muestras de 6 eyaculaciones diferentes en pacientes, se puede conseguir una reducción de los niveles de daño cercanos al 25%. Evidentemente, se aconseja utilizar para ICSI la muestra de semen criopreservada que presente un índice de fragmentación del ADN más reducida.



Conclusion 6: la producción de mini-bancos de semen asociados a determinados pacientes permite elegir la muestra en la que se registre un nivel inferior de daño en el ADN y no nos condiciona a utilizar la que presenta el paciente en el día de la inseminación.



 



Conclusión final



A la espera de encontrar tratamientos específicos que puedan paliar los efectos negativos sobre la reproducción que tienen las muestras seminales con niveles elevados


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Referencias bibliográficas:

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